Mientras España invierte fuertemente en semiconductores a través del programa PERTE Chip (12.250 millones de euros hasta 2027), Madrid se está posicionando no en la producción masiva, sino en los segmentos de mayor valor añadido de la cadena: I+D, diseño, pruebas e integración.
Con sus universidades, centros de investigación y una base dinámica de empresas innovadoras, la capital española ofrece un entorno ideal para actores internacionales, especialmente empresas alemanas, que buscan expandir sus actividades en el sur de Europa.
Fortalezas académicas y científicas
Madrid concentra varias instituciones de investigación líderes. En la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), el Grupo de Dispositivos Semiconductores (ISOM) reúne a casi cincuenta investigadores especializados en materiales micro- y nanoelectrónicos. En 2024, la Universidad Autónoma de Madrid vio la creación de Crystal Semiconductor Technologies, un spin-off dedicado a la I+D y al prototipado.
Esta base científica se complementa con una red de empresas innovadoras como Alcyon Photonics (fotónica integrada), ArXiTEC (sistemas críticos) y Sensia (sensores avanzados). Todas están integradas dentro del Madrid Semiconductor Cluster (CITT), que conecta universidades, institutos de investigación IMDEA y empresas privadas.
Un papel complementario en la estrategia nacional
En el panorama de los semiconductores, Madrid ha optado por ocupar un rol distintivo y complementario frente a los grandes sitios de ensamblaje e industrialización: el de un hub de innovación centrado en diseño, integración y pruebas. Este posicionamiento facilita que las empresas extranjeras se integren en el ecosistema español aprovechando la experiencia local y las alianzas científicas.
Una oportunidad para las empresas alemanas
Para las compañías alemanas, Madrid representa un punto de entrada natural al ecosistema de semiconductores español. La región ofrece:
- un pool de talento en ingeniería electrónica y física aplicada,
- una densidad científica sin igual en Europa,
- oportunidades de colaboración con startups y centros de investigación ya orientados hacia la cooperación internacional.
Argumentos convincentes dentro de un entorno europeo cada vez más marcado por la búsqueda de soberanía tecnológica.